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ULISES RUIZ, EL ADMINISTRADOR

Hugo Santos Flores

El sector extralegal es una zona de penumbra
que comparte una larga frontera con el mundo legal;
un lugar donde los individuos se refugian cuando el
costo de obedecer la ley excede el beneficio de hacerlo.

Hernando de Soto: 'El misterio del capital'

La gente no se explica por qué Ulises Ruiz no renuncia, ni hay quien lo haga renunciar; como es que salió fortalecido del proceso de anarquía de 2006, en que un vigoroso movimiento de masas se propuso derrocarlo y consiguió todo lo contrario; por qué sale en tanta foto sonriendo, por qué gana elecciones, por qué ha llegado a ser tan poderoso. ¿Por qué?

Los sicólogos podrían saberlo; los sociólogos, los antropólogos, los historiadores. En Oaxaca hay muchos. Pero los que no cobran en el gobierno se encuentran apoltronados en alguna posición cómoda; o son simpatizantes de Ulises; o están impedidos para opinar: saben que es mejor no meterse en lo que no les importa.

La respuesta es que Ruiz Ortiz es un excelente administrador del desorden. Oaxaca, de alguna manera es una sociedad ingobernable (por las características de los oaxaqueños como pueblo; por su historia, sus instituciones tradicionales; por la corrupción, la ineficiencia y la simulación generalizadas, convertidas en ‘valores entendidos’; por su incapacidad de autocrítica, su chovinismo, su absurdo orgullo autocomplaciente).

En una sociedad así, Ulises deviene el jefe ideal. Un auténtico gobernante no duraría seis meses. A ése sí lo habrían derrocado, porque el oaxaqueño repele la autoridad. Ulises tiene claro que Oaxaca es la tierra del abuso, donde brotan los rebeldes y los líderes. La institución por excelencia es la asamblea. El buen ‘gobernante’ sabe que la fuerza del populacho está en la organización y el número; la del ‘gobierno’, en hacerse ‘pato’; en la simulación, la ‘sensibilidad’ y la ‘tolerancia’.

Ulises Ruiz —a despecho de sus detractores— sí sabe de qué se trata. Seguramente no entiende gran cosa de sicología, sociología, antropología, ni de historia; pero conoce a su pueblo. Él no es muy diferente a Flavio Sosa, a los santones del magisterio, al inductor de triquis Heriberto Pazos, a los recién fallecidos Roberto Mendoza y Margarito Montes. Como ellos, conoce el alma de la gente.

Ulises también pudo haber sido un gran líder. Pero eligió el camino de la “institucionalidad”: fue a la escuela, se graduó, trabajó en el partido, escaló posiciones, se relacionó con las principales mafias, aprendió las reglas del sistema corrupto, y cómo aplicarlas en su beneficio. He oído decir que su antecesor, José Murat, es un depravado; al anterior, Diódoro Carrasco, no lo bajaban de “yuniorcique” (junior de cacique). Ruiz Ortiz no es el hipo-de-papi, ni el machote burdo. Lo de ‘mapache’ (que es como lo llaman y como seguramente pasará a la historia), en su caso es mérito.

Volviendo al tema de Oaxaca: aquí no es posible gobernar, porque el orden es impensable. El desorden deviene ‘orden’, estado de cosas: el Estado. Las leyes no son para cumplirlas, sino para someter (a quien se deje). Las instituciones, para ver que la corrupción y la ineficiencia no se desborden. Las autoridades, para el abuso, el ‘agandalle’ y, cuando es necesario —y si se puede— para reprimir. Los sistemas (educativo, sanitario, asistencial, burocrático) son la forma en que la simulación se materializa.

Ahí entra alguien como Ulises, que, como dicen sus panegiristas, “sabe tejer fino”. Ruiz puede pasar hasta por sabio y sereno. Ha sabido ser como el bambú: flexible y dócil, más que como el roble: frágil, de tan rígido. Deja pasar las tempestades. El huracán le pasa por arriba. Él se inclina, se agazapa, se esconde. Después sale, se estira y sonríe. No se enoja con los alborotados, llámense maestros, taxistas, organizaciones. Los saluda, les pregunta cómo están todos por su casa, les da un ‘curita’ y un ‘mejoralito’. Y sigue “gobernando”.

Pero registra, toma nota. Para la otra ya no se la hacen, porque estará preparado, fortalecido. Mientras, Oaxaca sigue “avanzando” como lo ha hecho siempre. Es lugar común decir que en Oaxaca no hay pobreza, sino mala distribución de la riqueza. Lo que sea, pero funciona. Ulises aprendió de 2006 la lección de la anarquía; ahora sabe revertir la descomposición, recomponerla. Todo volvió a lo mismo, piensan descorazonados los alzados. Pero no es cierto. No es igual: es mejor para el mapache y para su partido.

Quienes quisieron hacerlo poca cosa quedaron como farsantes; acaso como ingenuos. A muchos los usaron. Y se prestaron, deslumbrados por el espejismo de un cambio que en realidad no anhelaban. Unos cuantos ‘varos’ los volvieron al mundo real. Con otros hubo que usar los coscorrones, unos días de cárcel o dejarles un muertito. Veintiséis muertos son en realidad muy pocos para restaurar el ‘orden’. Y, sin embargo, Ulises lo hizo.

¿Quién podría juzgar a Ulises Ruiz por sus supuestos crímenes? La Suprema Corte de Justicia no. Ya aclaró que no es su función. Lo más que podía hacer era investigar, y ya lo hizo. La corte no es fiscal, ni tiene las atribuciones del congreso. Les toca a los diputados y al ministerio público. Pero los diputados son gente de Ulises; el ministerio público de Oaxaca, también. Y el de México no quiere problemas.

Las conclusiones de la investigación de la Suprema Corte de Justicia sólo sirvieron para burla. No por que los ministros simpaticen con Ulises, sino porque su lenguaje no es el que mejor entiende el común de la gente. Y menos la de Oaxaca. Lo que se entendió es que Ruiz violó los derechos humanos de los maestros y demás revoltosos en 2006 y 2007. Los ministros no quisieron aclarar, porque ya estaba claro en el informe de la comisión investigadora, que los derechos violados fueron los de gente de la ciudad de Oaxaca, los de las personas por cuyo bienestar y seguridad debió velar Ulises; los de los comerciantes, los inversionistas, los transportistas; los de los transeúntes, que necesitaban ir a trabajar, al mercado, a la escuela, a la iglesia; los de los niños, que se quedaron sin clases y sin calles ni parques donde jugar. Nadie entendió eso, porque nadie leyó el mamotreto de la comisión; ni siquiera los periodistas que se ocuparon de ‘informar’ y de condenar la “parcialidad” de los ministros.

La burla, digo, porque a Ulises Ruiz el dictamen de la corte lo tiene sin pendiente. Tiene ambos congresos —el local y el federal— a su servicio, llenos de “legisladores” del PRI, su partido. En Oaxaca, el único opositor de cuidado, Benjamín Robles, quedó en ridículo con su pretensión de llevar al poderoso ‘gobernante’ a juicio político.

Éstas son las respuestas a los interrogantes del principio: ¿de qué se ríe Ulises?, ¿por qué no ‘cayó’?, ¿por qué gana elecciones?, ¿por qué no se lo puede hacer que renuncie?

En el fondo nadie quiere que se largue. Porque nadie antes demostró conocer tan bien a los oaxaqueños; porque tiene competencia sobrada en la administración del desorden, la corrupción, la arbitrariedad, el encono, la simulación, la ineficiencia, la ineficacia, la ineptitud, la negligencia, el pragmatismo, la ignorancia, la impreparación, la pobreza, la mediocridad, el conformismo, la falta de escrúpulos, la indignidad, la indignación, la indecencia, la socarronería, el oportunismo, la holgazanería, la audacia, la extralegalidad y el orgullo autocomplaciente de lo que quiere aparentar una identidad, un sentido de pertenencia.

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Mexican Supreme Court says Oaxaca governor, Ulises Ruiz, responsible for violent protests in 2006

Free Speech Radio News. — A Supreme Court ruling this week in Mexico may help give some closure to the families of opposition protesters killed in Oaxaca in 2006. During the five months of protests, gunmen killed a dozen people(*), including New York-based journalist Brad Will. Critics hope the decision will force those responsible to resign. FSRN’s Shannon Young reports from Oaxaca City.

The court ruled 7 to 4 that Oaxaca governor Ulises Ruiz and state-level police chiefs are responsible for violating individual guarantees including the right to free movement, free access to information and freedom of expression. The resolution determined the violations stem from the failure of Ruiz and the police to maintain public order during anti-government protests over an 8-month period that began in May 2006.

Reactions to the resolution have been mixed, particularly with regards to the court's decision to absolve former president Vicente Fox and two of his cabinet ministers in the same case. While it does have moral weight, the resolution itself carries no criminal or civil penalty. It's now up to Mexico's Congress and the Attorney General's office to decide how - or if - to act on the findings. Shannon Young, FSRN, Oaxaca.


*In the original version of this story, we stated in the introduction that during five months of protests in Oaxaca in 2006 gunmen killed a dozen people, including New York-based journalist Brad Will. In fact, according to Physicians for Human Rights, at least 18 were killed. FSRN regrets the error.

A Supreme Court ruling this week in Mexico may help give some closure to the families of opposition protesters killed in Oaxaca in 2006. During the five months of protests, gunmen killed at least 18 people, including New York-based journalist Brad Will. Critics hope the decision will force those responsible to resign. FSRN’s Shannon Young reports from Oaxaca City.

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Murió en Inglaterra la última superviviente del ‘Titanic’

Concepto*

Ayer, domingo 31 de mayo, murió en Inglaterra la última superviviente del naufragio del Titanic, Millvina Dean, de 97 años, en una residencia para ancianos en Hampshire, al sur de Inglaterra.

Millvina, cuyo nombre real era Elizabeth Gladys Dean, era una bebé de 10 semanas cuando ocurrió el choque del Titanic contra un iceberg, la noche del 14 de abril de 1912. Salvó la vida junto con su madre, Georgette Eva, y su hermano Bertram, gracias a la orden de que las mujeres y los niños fueran puestos en los botes de salvamento. Ellos ocuparon el bote número 10.

En cambio, su padre, Bertram Frank Dean, fue uno de los mil 500 muertos en las heladas aguas del Atlántico Norte esa noche.

La familia había abordado la nave en Southampton, para emigrar a Norteamérica, donde Bertram Frank pensaba abrir una tabacalera e iniciar una nueva vida. El ‘Titanic’ era el barco trasatlántico más grande, lujoso y moderno del mundo. Era su viaje inaugural, y los pronósticos eran de una feliz travesía.

La madre volvió con los niños a Southampton. La vida no compensó a Millvina de la tragedia, sino hasta después de 1985, cuando fueron encontrados los restos del barco en el fondo del Atlántico. Entonces empezó a dar entrevistas y participar en documentales. De hecho, ella nunca tuvo conciencia de haber estado en el Titanic. Lo supo por su madre cuando tenía ocho años, en 1820.

Millvina vivía desde hace tres años en una residencia privada para ancianos, en su natal Southampton. Para poder pagarla había vendido muchas de sus pertenencias, que, de alguna manera, habían alcanzado gran valor sólo por haber sido de una superviviente del desastre.

El año pasado se creó un fondo para asegurar su permanencia en la residencia. Entre los patrocinadores están los actores Kate Winslet y Leornardo DiCaprio y el director de cine James Cameron, quienes hicieron la película Titanic en 1997.

* Con información de agencias y de Wikipedia (ficha Millvina Dean). Imágenes de Wikipedia, bajo licencia GNU y Wikipedia Commons. Edición: Hugo Santos Flores

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Análisis de evidencia en el caso Brad Will

Lo que sigue es una presentación en PowerPoint con el informe del Programa Forense Internacional de Médicos por los Derechos Humanos (IFP-PHR), del 20 de abril de 2008, a partir del análisis de evidencia en el caso Brad Will, practicado por los peritos forenses Stefan Schmidt, Robert C. Bux, Jeffrey Foggy y Nery S. Osorio, el 28 y 29 de marzo de 2008.

El análisis se refiere a la primera bala (calibre .38, no 9mm). Las conclusiones de los peritos de PHR hacen insostenible la tesis de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, de que Brad Will fue herido por dos balas disparadas por la misma pistola con una diferencia de 500 milésimas de segundo, desde una distancia entre 35 y 50 metros, ya que, según IFP-PHR, la primera bala "rebotó" en el camión rojo antes de herir a Will.

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